Aunque con algo de retraso, ahí va la crónica del partido del pasado viernes, entre los Lakers de Los Angeles y los Memphis Grizzlies.
Suele decirs
e que la diferencia entre los grandes equipos y el resto, es que no necesitan jugar un gran partido para ganarlo. Los Lakers son los actuales campeones de la NBA, y los Grizzlies luchan por no ser de los peores y eso se notó.
El equipo de Phil Jackson se presentó al partido con la baja de sus dos jugadores altos titulares: Pau Gasol y Andrew Bynum. Cualquier entrenador mediocre, que entrenase a cualquier equipo mediocre, habría sido capaz de ver que teniendo a uno de los pívots más en forma del comienzo de campeonato (Marc Gasol) y con DJ Mbenga como pívot titular y único en el oponente, la primera opción debería ser meter el balón ahí. Gasol no habría tardado en cargar de faltas al congoleño y ante las ayudas de Odom o Artest habría podido encontrar en buenas posiciones a Gay o a Randolph.
Pues no. Mucho mejor el conocido método de llego y la tiro. Rudy Gay, O.J. Mayo y Zach Randolph lanzaron 45 de los 79 lanzamientos de su equipo y aunque sus porcentajes no fueron malos del todo, siempre es más fácil defender cuando las opciones del contrario son tan predecibles.
A pesar de todo, Los Grizzlies aguantaron hasta el descanso. ¿Por qué? Porque los Lakers están para sopitas. Quitando a un extraordinario
Kobe Bryant (41 pts con 19/30 tiros de campo), los Lakers sólo contaron con un poco de colaboración de Josh Powell. Artest parecía que no había llegado al equipo aún, Mbenga y Fisher dan lo que dan y Lamar Odom. ¡Ay Dios mio Lamar Odom! ¿Qué le pasa a éste jugador? ¿Por qué es tan irregular? Lo tiene todo para ser un All-Star perpetuo y sin embargo es un suplente habitual. Cuando tiene una oportunidad para demostrar que merece ser titular hace partidos como el del viernes. Su colaboración se redujo a tres puntos (1/6 t.c.) y seis rebotes en 29 minutos… Lamentable.
Se las prometían muy felices los Grizzlies cuando llegaron por delante al descanso (49-51), pero en el tercer cuarto los Lakers ofrecieron una lección sobre que diferencia a los grandes equipos del resto. La defensa. Apretando levemente las clavijas atrás y estando un poco más acertados en ataque además de la incorporación final de Ron Artest a la franquicia angelina, los Lakers dejaron sin respuestas a los Grizzlies. Mayo y Randolph bajaron sus porcentajes de acierto y no encontraron otra salida a sus ataques precipitados… ¿Gasol?
Colorín colorado, el cuento que nos sabemos todos. Para más inri, Iverson se molestó por jugar tan pocos minutos y dio la espantada del equipo de Tennessee, por lo que el partido del viernes, puede que sea el último que juegue “The answer” en la NBA.
Aquí os dejo el cuadro de estadísticas y un resumen.
























